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Woody Allen es uno de los directores favoritos del mundo. Constantemente parece retratar en sus películas sus propias debilidades y vicios, además de sus deseos. Cuando empezaba la década de los años 90 del siglo pasado fue famoso su amorío con una de sus hijastras con Mia Farrow, Soon Yi Previn, que terminó en un nuevo matrimonio, a pesar de la notable diferencia de edad. El neurótico creador llevó a la pantalla varios de los conceptos trabajados por años con “Vicky Cristina Barcelona”, la historia de dos gringas, Vicky y Cristina, las estupendas Rebecca Hall y Scarlett Johansson respectivamente, que por diferentes razones van a parar a Barcelona, en España, donde conocen a un pintor carismático, interpretado por el excelente Javier Bardem, por el que ambas se sienten atraídas y, más tarde, a la excéntrica y demencial ex pareja del artista, encarnada por la bella y enigmática Penélope Cruz, que al momento del rodaje era pareja en la vida real de Bardem.
Javier y Penélope son una pareja de artistas en la ficción que no puede vivir separada pero cuando se juntan no paran de discutir y hasta agredirse. ¿Una remembranza de Woody a su propio pasado? A medida que el relato avanza, los enredos aumentan, las encamadas se suceden una tras otra entre las yanquis y los españoles, nace el enamoramiento, el deseo, el sexo y el amor, a veces confundiéndose por las ideas de los jóvenes amantes.
Este es un cuento erótico que sin mostrar sexo explícito ataca a los sentidos y mi consejo es que la obra sea vista en pareja. Tiene una exquisita fotografía, un buen montaje y un notable guión (al estilo de Allen), además de muy buenas actuaciones. A mí también me agradó mucho la banda sonora, con algunas canciones pegajosas y otras derechamente cómicas o insoportables. Es una película muy entretenida, ágil y dinámica.
Confirma la idea que fue una muy buena iniciativa la de Allen de salir de Nueva York, donde desarrollo casi el 100% de su filmografía hasta hace sólo unos años e ir primero a Inglaterra y ahora haber pasado por España. Demuestra que a pesar de sus años el director no deja de sorprender con su trabajo, porque así como exploró el thriller oscuro con películas como “Match point” o “El sueño de Casandra” es capaz de volver a sus historias amorosas ya no interpretadas por viejos neoyorkinos sino por jóvenes aventureros y trotamundos.
“Vicky Cristina Barcelona” está disponible en DVD en las tiendas del rubro.






La trama, a pesar de resultar para la época bastante original y derivar en un éxito de taquilla en la época de la Gran Depresión, es bastante básica e ilógica (eso de hallar un mundo prehistórico en una isla X) pero efectiva. Fue la excusa perfecta para desplegar efectos especiales notables que lograron ser superados sólo décadas más tarde. Si los comparamos con los recursos, por ejemplo, de “Tiburón” de Steven Spielberg, de 1975, los avances fueron básicos, e incluso, hubo retrocesos. A tanto llega la excelencia que hay que observar los detalles cuando Kong lleva a Ann Darrow (interpretada por la recordada Fay Wray) a la parte más alta de la Isla Calavera y, dentro de una caverna, quiere obsequiarle una flor a la mujer que está aterrada con él. El gorila hasta huele el regalo antes de enfrentarse a un dinosaurio. Resulta gracioso que el protagonismo se lo lleve un minúsculo muñeco y sus amigos dinosaurios, que en la pantalla se ven gigantes, antes que los actores, ya que las interpretaciones son pésimas.
Varios años demandó la producción de “Che el argentino”, película que trata de relatar el rol del popular Ernesto “Che” Guevara en la revolución cubana. Los principales gestores del proyecto fueron el director Steven Soderbergh y el actor puertorriqueño Benicio Del Toro, quienes basaron la historia en escritos de involucrados en la gesta, promocionando el concepto de película lo más definitiva posible sobre la vida de Guevara.
El “Che” es muy cinematográfico. Es cosa de leer alguna de sus biografías para darse cuenta de los escenarios y segmentos que tuvo su agitada y corta vida, entendiendo que la película de Soderbergh puede ser sólo un breve episodio. Y de muestra un muy buen botón: la obra de Walter Salles “Diarios de motocicleta”, con Gael García Bernal, que tuvo un aceptable recorrido comercial y de crítica (incluso ganó un Oscar por Mejor Canción Original), relatando la juventud de Guevara, recorriendo América, incluyendo Chile, a comienzos de la década de 1950 y observando “cuanta injusticia” existía en esta parte del mundo.





