Un mérito de los gringos y a veces de los ingleses, franceses, italianos o españoles, es que su cinematografía es universal. O sea, cuentan historias que pueden identificar a los distintos espectadores en Australia, Japón, India o Chile por igual. Y me atrevo a decir que nunca antes una cinta criolla había logrado cumplir este objetivo como “La nana”. Creo que de ahí se justifican la nominación a los premios Globos de Oro y la posibilidad de ir a los Oscar en alguna categoría. Esto sin dejar de lado el haber podido contar con un presupuesto que permita presentar la película en distintos escenarios y pelear premios internacionales de tal relevancia mediática, ya que no sólo en Chile hay que tener monedas casi siempre para conseguir algo.
Pero más allá de estas cáscaras, “La nana”, o “The maid” como ya se le conoce en el mundo, es, antes que cualquier otra cosa, una buena película. El director Sebastián Silva dijo que basó su obra en las historias de sus propias empleadas y, de hecho, al final de la cinta hay un guiño a estas señoras.
La historia corresponde a “Raquel”, una mujer casi sin vida propia, que ha trabajado en la casa de los acomodados “Valdés” por 23 años. Cuando comienza a dar señales de cansancio, su empleadora “Pilar” le ofrece la posibilidad de contratar a otra nana para que la ayude. Es ahí cuando la atacan los celos y les hace imposible la vida a cuanta candidata hay. Hasta que llega “Lucy”, interpretada por Mariana Loyola (que, de paso, se roba un poco la película), que cambia radicalmente el rumbo de la trama, la vida de la protagonista y los sentimientos del espectador.
Si ustedes esperan un trabajo cinematográfico que culmine en tragedia, en un crimen o una trama de violencia con ribetes policiales, arrendaron el DVD equivocado. “La nana” es la historia de un ser humano mañoso, que de pronto se da cuenta que ha estado equivocado y hace lo que pocos finalmente cumplimos: tomar en cuenta las lecciones que la vida nos da.
Es una gratificante película, con moraleja incluida, que cuando termina entrega la respuesta de por qué los gringos se volvieron locos con ella y las han llenado de nominaciones y premios. Personalmente jamás pensé que una película chilena sencilla, de alguna manera humilde, con una historia simple pero potente, podía llegar tan lejos y pudiera dar el pie para que el cine criollo al fin sea industrializado.
Ojalá que le vaya bien a “La nana” y que los chilenos, al igual que “Raquel” con su historia, saquen lecciones de este triunfo. Ya está en DVD y más o menos disponible para la masa, dado que está siendo bastante arrendada por sus logros…












La trama, a pesar de resultar para la época bastante original y derivar en un éxito de taquilla en la época de la Gran Depresión, es bastante básica e ilógica (eso de hallar un mundo prehistórico en una isla X) pero efectiva. Fue la excusa perfecta para desplegar efectos especiales notables que lograron ser superados sólo décadas más tarde. Si los comparamos con los recursos, por ejemplo, de “Tiburón” de Steven Spielberg, de 1975, los avances fueron básicos, e incluso, hubo retrocesos. A tanto llega la excelencia que hay que observar los detalles cuando Kong lleva a Ann Darrow (interpretada por la recordada Fay Wray) a la parte más alta de la Isla Calavera y, dentro de una caverna, quiere obsequiarle una flor a la mujer que está aterrada con él. El gorila hasta huele el regalo antes de enfrentarse a un dinosaurio. Resulta gracioso que el protagonismo se lo lleve un minúsculo muñeco y sus amigos dinosaurios, que en la pantalla se ven gigantes, antes que los actores, ya que las interpretaciones son pésimas.
Varios años demandó la producción de “Che el argentino”, película que trata de relatar el rol del popular Ernesto “Che” Guevara en la revolución cubana. Los principales gestores del proyecto fueron el director Steven Soderbergh y el actor puertorriqueño Benicio Del Toro, quienes basaron la historia en escritos de involucrados en la gesta, promocionando el concepto de película lo más definitiva posible sobre la vida de Guevara.
El “Che” es muy cinematográfico. Es cosa de leer alguna de sus biografías para darse cuenta de los escenarios y segmentos que tuvo su agitada y corta vida, entendiendo que la película de Soderbergh puede ser sólo un breve episodio. Y de muestra un muy buen botón: la obra de Walter Salles “Diarios de motocicleta”, con Gael García Bernal, que tuvo un aceptable recorrido comercial y de crítica (incluso ganó un Oscar por Mejor Canción Original), relatando la juventud de Guevara, recorriendo América, incluyendo Chile, a comienzos de la década de 1950 y observando “cuanta injusticia” existía en esta parte del mundo.





